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8 de julio de 2023

A 35 años de la interna peronista en la que Menem derrotó a Cafiero

Se enfrentaron hace 35 años en unos comicios internos para dirimir la candidatura presidencial que representaría al peronismo en las elecciones generales de 1989.

Por Leonardo Castillo 08-07-2023 | 18:11

Carlos Saúl Menem, un caudillo provincial y Antonio Cafiero, un político tradicional.//foto archivo

Carlos Saúl Menem, un caudillo provincial que parecía encarnar los anhelos postergados del interior profundo, y Antonio Cafiero, un político tradicional que había encabezado un proceso de renovación en la conducción del movimiento de masas más importe de la historia argentina, se enfrentaron hace 35 años en unos comicios internos para dirimir la candidatura presidencial que representaría al peronismo en las elecciones generales de 1989.

Para sorpresa de muchos, el gobernador de La Rioja se impondría sobre el mandatario bonaerense en aquella compulsa, que signaría el derrotero que el país seguiría en la década siguiente.

De cara a las primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO) del próximo 13 de agosto, en las cuales las coaliciones de Unión por la Patria (UxP) y Juntos por el Cambio (JxC) celebrarán internas -entre el ministro de Economía Sergio Massa y el dirigente social Juan Grabois, en el oficialismo, y Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich, en la coalición opositora- se impone la evocación de aquella inédita experiencia electoral, celebrada el 9 de julio de 1988, en la que el peronismo ungió a Menem como su candidato.

La muerte de su fundador, Juan Domingo Perón, en 1974 y el derrocamiento de Isabel Perón, dos años más tarde, sumieron al peronismo en una profunda crisis de liderazgo que se evidenció a la salida de la última dictadura cívico militar con la derrota electoral que el justicialismo sufrió ante el radicalismo que lideraba Raúl Alfonsín.

Ese proceso de crisis y recambio se profundizó en los primeros años de la democracia y tras las elecciones parlamentarias de 1985, en las cuales la UCR obtuvo un categórico triunfo que parecieron consolidar en el gobierno al proyecto alfonsinista.

Ítalo Luder, el candidato que había perdido las elecciones presidenciales del ’83, Deolindo Felipe Bittel, Vicente Leónidas Saadi, Herminio Iglesias y el dirigente metalúrgico Lorenzo Miguel, habían quedado como “los mariscales de la derrota” que por primera vez el peronismo había experimentado en una elección presidencial.

Cafiero consolidó su liderazgo en la provincia de Buenos Aires y se quedó con la gobernación en eso comicios de 1987.//Foto archivo

Camino hacia las elecciones

En este contexto, la militancia reclamaba elecciones para designar a una nueva conducción y una dirigencia conformada por una mixtura de políticos tradicionales y figuras más jóvenes supo ponerse al frente de esa demanda.

Cafiero -funcionario de Perón y ministro de Isabel- junto con Menem, quien ya había sido gobernador de La Rioja entre 1973 y 1976 y había sido elegido nuevamente para ese cargo con el regreso de la democracia, lideraron la denominada “renovación peronista”.

Los acompañaron otros dirigentes más jóvenes como José Manuel De la Sota, Octavio Bordón, Carlos Grosso, José Luis Manzano y Eduardo Duhalde, entre otros referentes que formaron parte de una expresión colectiva que tenía el objetivo de producir un recambio en las filas de un peronismo que necesitaba generar una alternativa ante el gobierno de la UCR.

El primer antecedente de esa disputa entre la ortodoxia y la renovación se dio en la provincia de Buenos Aires, donde Cafiero intentó, sin éxito disputarle una interna a Herminio Iglesias, exintendente de Avellaneda y que venía de haber sufrido una dura derrota electoral en la lucha por la gobernación ante Alejandro Armendáriz, de la UCR.

La conducción liderada por Iglesias clausuró la posibilidad de una interna y Cafiero se presentó por fuera del peronismo en las legislativas del ‘85, al frente de una lista que terminó segunda en el distrito.

Esa disputa interna a “cielo abierto” dejó en claro que el peronismo había comenzado un proceso de recambio con el cual el peronismo iba a encarar las elecciones intermedias de septiembre de 1987.

Cafiero consolidó su liderazgo en la provincia de Buenos Aires y se quedó con la gobernación en eso comicios; Menem se afianzó en el interior y dirigentes jóvenes como De la Sota -en Córdoba-, Bordón -en Mendoza- y Grosso -en Capital Federal- se perfilaban como las figuras ascendentes de un peronismo que se preparaba para gobernar en medio de la crisis económica que golpeaba al país y jaqueaba al gobierno radical.

Ya en la crisis castrense de Semana Santa de abril, Cafiero respaldó junto a otros dirigentes al gobierno de Alfonsín ante la amenaza carapintada y los legisladores que le respondían habían celebrado acuerdos en el Congreso con las bancadas del oficialismo en ambas cámaras.

Desde los primeros días de su gobierno en la provincia, Don Antonio se perfilaba como un presidenciable que tenía todo como para asegurar el retorno del peronismo al gobierno: aparato, dirigentes de peso y la administración de la jurisdicción federal más importante del país.

En la crisis castrense de Semana Santa de abril, Cafiero respaldó al gobierno de Alfonsín.//foto archivo

Pero por su cercanía con el gobierno y el estilo “modernizador” que pretendió imprimirle al peronismo, Cafiero despertó desconfianza entre sectores más tradicionales del peronismo que veían con recelo que la posibilidad de que el movimiento se convirtiera en una expresión socialdemócrata.

En cambio, Menem se exhibía como un dirigente disruptivo, alguien que, con un estilo simple, directo y campechano, venía desde el norte para enfrentarse con el sistema y desafiar a ese peronismo de “doctores y tecnócratas” que la ortodoxia identificaba con Cafiero.

Las diferencias quedaron planteadas en los primeros meses de 1988, y la conducción del peronismo, en manos de Cafiero, habilitó la realización de una interna para evitar una posible ruptura.

Cafiero se apoyó en los dirigentes de la renovación y eligió como su compañero de fórmula a De la Sota para asegurarse la presencia en el binomio de un hombre del interior.

Menem buscó hacer pie en la provincia de Buenos Aires y acordó una alianza con Eduardo Duhalde para que lo acompañara en la fórmula y le asegurara presencia territorial en el conurbano, región decisiva en cualquier elección.

“Era curioso lo que pasó en esa interna. Nos movilizamos en aquella interna, pero la gente que militaba con nosotros decía que lo quería votar a Menem. Pienso que nos faltó un poco más de movilización desde la provincia de Buenos Aires como para ganar esa elección”, señaló en diálogo con Télam Luis Brunati, quien entonces era el ministro de Gobierno de Cafiero.

El riojano sumó además el apoyo del sector gremial de las 62 organizaciones y tenía como principales asesores al salteño Julio Mera Figueroa, a su hermano y senador nacional Eduardo Menem, a Eduardo Bauzá y Alberto Kohan.


La interna que llevo a Menem al poder

El sábado 9 de julio de 1988, diez meses antes de las elecciones generales, más de un millón y medio de afiliados concurrieron a las urnas.

Menem cosechó casi un 53% de los votos y Cafiero, que reconoció la derrota a la madrugada del otro día, obtuvo un 46% de los sufragios.

El riojano se impuso en 18 provincias y ganó incluso en Buenos Aires, donde recibió un apoyo decisivo en distritos como Lomas de Zamora y La Matanza.

El apoyo del empresario Miguel Ángel Pierri, propietario de Papel Tucumán, resultó decisivo para que Menem se impusiera en el partido más populoso del conurbano bonaerense.

Tras la derrota, varios de los dirigentes que habían apoyado la renovación y la campaña de Cafiero se alinearon en las filas del Menem, como Grosso, Manzano, Guido Di Tella y Carlos Corach.

Todo el peronismo se puso en la campaña que lideró el riojano, quien a bordo del “menemóvil”, recorría barrios y ciudades del país con la promesa de otorgar “un salariazo” y de “iniciar una revolución productiva, en medio de una Argentina golpeada por una inflación galopante.

Menem asumió la Presidencia de forma anticipada, el 8 de julio.//Foto archivo

Primer y segundo mandato de Menem

El 14 de mayo de 1989, Menem alcanzó la primera magistratura al imponerse sobre el candidato radical y gobernador de Córdoba, Eduardo Angeloz.

Asumió la Presidencia de forma anticipada, el 8 de julio, y las promesas de campaña quedaron rápidamente archivadas por una agenda de gobierno orientada hacia las privatizaciones de las empresas de servicios públicos, la reducción del déficit fiscal y el alineamiento automático con los Estados Unidos.

Los bajos índices de inflación logrados mediante la implementación del plan de convertibilidad con la paridad peso dólar, diseñado por Domingo Felipe Cavallo, le permitieron a Menem impulsar una reforma constitucional y lograr un segundo mandato.

Los altos índices de desempleo, endeudamiento externo y recesión que se registraron al final de su segundo gobierno, constituyeron los principales déficits dejados por la administración de Menem, que concluyó en diciembre de 1999.
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